Algunos testimonios de quienes conocieron a Guillermo Rovirosa

CRISTO, LA IGLESIA Y LOS POBRES fueron el trípode en que se manifestaba su vida de FE. Rovirosa soñaba con una IGLESIA de conversos, es decir, de cristianos adultos, con conciencia de lo que son y de por qué lo son, capaces de promover el compromiso bautismal.

Constituye hoy un modelo en lo que debe ser nuestro camino: servicio a la Verdad y a los pobres.

Necesitamos tener presente su testimonio, profundamente presente, en este nuevo milenio. Cuando 50.000 niños son asesinados diariamente, cuando hay más de 400 millones de niños esclavos y el imperialismo promueve una cultura de muerte, la conversión de Rovirosa al amor pobre y crucificado “¡por nosotros!”, es un signo de esperanza que hay que mantener presente.

Recibido en el Monasterio de Montserrat, el ABAD ESCARRÉ decía a sus monjes:  “fijaos en lo que os diga porque sus palabras son dignas de figurar al lado de las de San Pablo. Rovirosa es un hombre como no ha habido“.

El CARDENAL BUENO MONREAL
decía de él: “Rovirosa es de los mejores seglares que tiene la Iglesia en España.
ALFRED ANCEL, OBISPO DE LYON
Yo pienso que todos los hombres de buena voluntad que leerán la vida de Rovirosa serán invitados, en contacto con este hombre que fue verdaderamente obrero y plenamente católico, a hacer examen de conciencia para ver si su propia actitud es suficientemente evangélica y católica“.
RENE VOILLAUME, FUNDADOR DE LOS HERMANITOS DE JESÚS
Quedé profundamente afectado por este hombre. Era imposible no estar cogido por una personalidad tan fuerte. Fue uno de los hombres que han marcado mi vida, excepcional, lleno de fe, fuerte como una roca, testigo de Dios, en su constante presencia“.
CARLOS SANTAMARÍA, ESCRITOR
En San Sebastián, en la Conversaciones Católicas Internacionales, a las cuales asistió durante algunos años, sus asistentes, teólogos, escritores, religiosos de fama, dirigentes, profesores, le llamaban, cariñosamente, con respeto: el hombre de la calle, la voz de la calle. Cuando hablaba, solía empezar así: Hasta ahora han hablado ustedes, los sabios. Ahora va a hablar el hombre de la calle.

Nuestros amigos conversadores me solían decir muchas veces que no era fácil encontrar en Europa líderes obreros de calidad tan excepcional. Ahora, al cabo de los años, lejano ya el recuerdo de aquellas Conversaciones, puedo decir que la figura de Rovirosa  se agranda para mí“.

GEORGES MICHONNEAU, TEÓLOGO
Uno tenía la impresión que su oración y su contemplación ponían en el diapasón de los deseos de Dios, de tal manera que uno no puede dejar de creer que sus puntos de vista eran ya luz divina“.
IVES CONGAR, TEÓLOGO
Rovirosa me ha dejado el sentimiento de una personalidad extraordinariamente fuerte y de lo que yo denominaría un hombre libre. Un hombre enteramente poseído por el servicio de la verdad y por una gran idea a la cual consagró su vida. Rovirosa era profundamente de Iglesia, pero muy opuesto a todo clericalismo, incluso anticlerical en el buen sentido de la palabra, y guardaba su entera libertad de juicio sobre los hombres de Iglesia y sobre la vida histórica de esta Iglesia“.
DON TOMÁS MALAGÓN, TEÓLOGO
“De Rovirosa ha existido una leyenda, en nada acorde con la realidad, y de ella se sirvieron más de una vez ciertos críticos para desprestigiar su figura. Nos le presentaban como un obrero luchador en las filas de las organizaciones políticas de la extrema izquierda, misteriosamente llegado después, sin saber cómo, a la Comisión Nacional de la H.O.A.C….

Cuando después, en sus años de dirigente de la H.O.A.C., oía yo a ciertas Personas hablar despreciativamente de Rovirosa, diciendo que era un obrero autodidacta y sin seria formación, yo, que le conocía, no podía menos de comparar su formación con la de sus despectivos desconocidos, y, testigo como yo era de los profundos conocimientos técnicos y científicos de Rovirosa, investigador y realizador de notables hallazgos en el campo de la electricidad, estudioso de cuanto se publicaba de valor en materia religiosa y filosófico-social, que hablaba correctísimamente el francés y era capaz de entenderse perfectamente en italiano e inglés, que seguía con toda facilidad la Suma Teológica de Santo Tomás, y las oraciones de la Liturgia en latín, conocedor como pocos de las actuales tendencias del pensamiento católico, amigo personal a quien visitaban en su casa Guitton Congar, von Balthasar, Michoneau y Voillaume, traductor al español de las obras de algunos de éstos, colaborador de las más importantes revistas técnicas y religiosas de varios países, yo no podía menos de sentir lástima al recibir la, en comparación con la suya, menguada talla cultural de sus engreídos detractores…

El dirigió muchos cientos de cursillos y pronunció miles de conferencias. ¡Ese maravilloso propagandista que era Rovirosa! Recorrió muchas veces toda España, viajando siempre en tercera, alojándose y viviendo como pobre entre los pobres, viviendo lo que decía, encendiendo entusiasmo inextinguible en muchos, mientras que en algunas personas, que no le conocían, se iba amontonando el recelo contra aquel que creían un autodidacta demagógico y hasta quizás oculto servidor del comunismo.

¡Cómo se han engañado estos desgraciados, que estaban lejos de poder medir la grandeza del alma de Rovirosa! …

Nunca olvidaremos los que le hemos conocido las grandes virtudes de que estaba adornado nuestro querido Rovirosa.

Aquella espiritualidad centrada en el misterio de la Trinidad, del que en sus últimos años no cesaba de hablar de modo tan impresionante.

Su entusiasmo por el Bautismo, que era uno de los temas principales de su meditación diaria.

Su providencialismo tan desconcertante para los demás, pero que a él le llenaba de aquella paz y alegría que todos sabemos que expandía en torno suyo. Era Rovirosa un hombre de fe. Yo recordaba muchas veces a su lado a aquel coloso de la fe que fue Abrahám… Rovirosa ha ofrecido a Dios sacrificios dolorosísimos, como el que Dios pidió al Patriarca de Ur.

La caridad de Rovirosa. ¿Quién no ha sido testigo de su amor a Cristo, que se manifestaba en su amor a los demás, dándose, y dándoles todo cuánto tenía: su vida, su profesión, su casa, su pan, su tiempo, hasta su cuerpo, en aquel pie que le fue amputado, en realidad, por el comportamiento lleno de caridad, que en momentos difíciles para él quiso observar. Su caridad fue tal, que, de un misántropo que era por carácter, resultaba un hombre lleno de afabilidad.

Ni podremos olvidar el ejemplo sublime de su pobreza a que antes hemos aludido.

En cuanto a su oración y vida interior, ¿quién no recuerda su cara transfigurada cuando ayudaba a la Santa Misa, cuando comulgaba, o cuando rezaba el Santo Rosario?

Muchos ejemplos nos ha dado Rovirosa.

Reciba ahora el premio que el Señor concede a sus elegidos….

Descansa en paz, noble luchador de Cristo.

Tu ejemplo admirable es para nosotros un sendero de luz. Nada podrá arrancarnos de tu camino, que es el de la Iglesia, en el que Juan XXIII y Pablo VI y el Concilio actual nos están, cada día más, asegurando…”

(Tomado de la ORACION pronunciada por Don TOMAS MALAGÓN,
el día 28 de febrero de 1964, en la capilla del Hospital Clínico de Madrid)